Voces Galácticas

Voces Galácticas

Obra ganadora de la Pluma de bronce del I Premio de Periodismo Deportivo Ciudad de Marbella ha recaído en la obra “El niño de aquella vieja foto” de Alberto Fuentes López.

Era 11 de julio de 2010 cuando Iniesta escuchó el silencio en un estadio abarrotado. La población española gritó a la altura de la gesta, mientras las calles vacías retumbaban. Decibelios de pasión irrepetible. Y allí en Johannesburgo, en una cabina de radio, Alfredo Martínez narraba el gol más importante de su carrera periodística. «¡¡Quiero llorar, quiero gritar, quiero abrazar a España entera, qué grande es nacer español!! ¡¡Al fin, al fin lo conseguiremos. .. España uno, se hace eterno Iniesta, serás inmortal Iniesta, Holanda cero!! ¡Viva España!» Se emocionó y no lo ocultó a los oyentes de Onda Cero, se dejó llevar. Minutos después bajó a la zona mixta y allí se encontró con Andrés. Se abrazaron. Y en ese instante, el héroe de Fuentealbilla le preguntó: ¿Has cantado el gol?

60 años antes, en el Mundial de Brasil 1950, se escuchó el primer gran gol de la Selección, el de Zarra a Argentina: «¡¡Remata Zarra y gol, goool señores, Zarra acaba de marcar para España un gol maravilloso!!». Más de 8 millones de oyentes estuvieron pegados a la radio cuando Matías Prats lo narró. Hay goles, como el de Zarra o Iniesta, que solo se cantan una vez en la vida… si estás entre los afortunados. «Solo cuatro emisoras nacionales estuvieron en la final. El partido se decide en la prórroga con un gol tremendamente emocionante. ¡Y lo vas a cantar tú! ¿Qué más puedes pedir? Eres un afortunado», reconoce Alfredo Martínez. Es la cima de sus más de 30 años narrando en las ondas (sin contar los que aún le quedan), con una media de 100 partidos al año entre Barça, Selección y otros equipos de LaLiga. Miles de partidos en su carrera y se queda con ese gol, el gol de todos. Sin embargo, para él y muchos otros compañeros del gremio, el mérito no es el canto de los goles. Lo resume Miguel Ángel Román, de Movistar+: «Un gol lo sabe narrar cualquiera, lo realmente jodido es una jugada de dos minutos que acaba en saque de banda». Para emocionar describiendo -su función esencial ante el micro- hace falta mucho trabajo. Vocabulario, improvisación, ritmo. Y talento para ser diferente. Ser único en su especie.

La narración es un género periodístico al alcance de muy pocos. Vocacional para unos,  producto del azar para otros. Alfredo Martínez narra el Barça y la Se- lección para Onda Cero. Lluís Flaquer es la voz del Barça en la SER. Rubén Martín pone su pasión al servicio de la Cadena COPE narrando Atlético y otros encuentros de Champions y LaLiga. Son tres fijos en el “once titular” de la narración radiofónica a nivel nacional. Y todos coinciden en algo: la  competencia es feroz. Según el ‘Informe de la Profesión Periodís- tica 2019’ elaborado por la Asociación de Prensa de Madrid, en España se ha superado el listón de 100.000 graduados en periodismo, contando desde 1975. Salen al mundo laboral más de 6.000 nuevos informadores al año. A nivel nacional hay cuatro radios privadas punteras en su contenido deportivo (COPE, SER, Onda Cero y Radio Marca) y la pública RNE. Solo unos cuantos elegidos narran para todo el territorio nacional. «Es una profesión que requiere de un punto creativo», dice Lluís Flaquer. El periodista ca- talán, que narra desde el año 2004, defiende que no es tanto el talento, sino el trabajo. «Hay cualidades, como la voz, que necesitas que te acompañen, pero casi todo se puede trabajar», piensa Rubén Martín. Tener ese don, defiende Alfredo Martínez, abre más puertas: «Hay mucha competencia y eso hace que haya selección natural en nuestro ámbito. El lo- cutor que llega, tiene que ser muy bueno», y añade: «Como en la radio no tenemos imagen, somos más originales y más exagerados. Ser lo más brillante posible para que el aficionado nos busque». Pretenden ser los ojos del oyente, que generalmente no está viendo el partido por televisión.

Sea cual sea la pregunta, en sus respuestas puede encontrarse la palabra suerte. Todos creen que el azar tiene mucho que ver: «Estuve en el lugar y momento adecuados». Ruben Martín contó en Leganés un partido de 2 B porque el narrador ese día «se sintió in- dispuesto». A Lluís Flaquer le preguntaron si quería narrar y no lo dudó ni un segundo. Alfredo Martinez empezó en 1984 locutando fútbol sala y baloncesto. «Sentí que había salvado un marrón», resume Martín. Tras años de experiencia, todavía sienten esa sensación de becario permanente, según Flaquer, «un puntito de nerviosismo» antes de que el balón ruede.

Pioneros y referentes

En radio o en televisión, ser narrador es enganchar. Ya sea para cantar goles, seguir etapas del Tour de Francia, describir un cruce de golpes en boxeo o transmitir las emociones de un triple sobre la bocina. En la memoria de todos quedan siempre las voces galácticas, y una de ellas era la de Andrés Montes: «La ha robado Jordan, la ha robado Jordan. Bienvenidos al vuelo número 23, aerolíneas Jordan, balón de Michael Jordan. ¡¡Jordan, Jooordan, Joooooordan! ! ¡Canasta, canasta, canasta de Michael! Me llamo Michael, Michael Jordan. Como James, James Bond». Es la última canasta de Jordan, en 1998, a los Utah Jazz en su cancha. Valió un anillo y una narración para la historia junto a su inseparable Antoni Daimiel.

Su don era el arte del mote y las frases hechas. Xavi Hernández era Humphrey Bogart. Puyol era Tiburón. El Barça practicaba el tiki-taka. Narraba disfrutando el «fútbol con fatatas»,  porque «la vida puede ser maravillosa». En las noches de NBA, llamaba «jugón» a E.T. Pau Gasol, vibraba con las asistencias de Chocolate Blanco Williams y Tracy McGrady le hizo preguntarse una de sus más míticas frases: «¿Por qué todos los jugo- nes sonríen igual?». Su manera de hacer divertido un partido intrascendente a las tres de la madrugada aún sigue calando en las nuevas generaciones.

Otro referente para sus compañeros de profesión es alguien de sobra conocido. Carlos  Martínez no necesita presentación. Son 30 años narrando primero en SER y luego en Canal+ (ahora Movistar+), junto al inigualable acento british del eterno Michael Robinson y los comentarios de un loco del fútbol como Maldini. Tres voces que han dejado huella describiendo los mejores momentos del fútbol ochentero y noventero, el Madrid de los Galácticos, el Barça de Ronaldinho o la España imbatible. «Nuestro oficio es extremadamente fácil cuando el partido es bueno. Lo complicado es hacer entretenido un partido malo», reflexiona en una entrevista en El País, donde compara la narración con el cine. «Como la banda sonora de una película, casi nunca hay que notarla, pero tiene que reafirmar todas las emociones».

Otro referente para sus compañeros de profesión es alguien de sobra conocido. Carlos  Martínez no necesita presentación. Son 30 años narrando primero en SER y luego en Canal+ (ahora Movistar+), junto al inigualable acento british del eterno Michael Robinson y los comentarios de un loco del fútbol como Maldini. Tres voces que han dejado huella describiendo los mejores momentos del fútbol ochentero y noventero, el Madrid de los Galácticos, el Barça de Ronaldinho o la España imbatible. «Nuestro oficio es extremadamente fácil cuando el partido es bueno. Lo complicado es hacer entretenido un partido malo», reflexiona en una entrevista en El País, donde compara la narración con el cine. «Como la banda sonora de una película, casi nunca hay que notarla, pero tiene que reafirmar todas las emociones».

Los protagonistas de hoy siempre tuvieron ídolos del pasado. Son pioneros la pareja Matías Prats (padre del reconocido periodista de Antena 3) y En- rique Mariñas, voces del deporte en el franquismo en Radio Nacional de España. La implantación del estilo pasional sudamericano de Héctor del Mar, que podía tirarse dos minutos cantando un gol y que añadió una figura clave, la del comentarista; y Victor Hugo Morales, argentino que cantó el gol de todos los tiempos, el de Maradona en el Mundial ’86. Especial importancia tuvo la explosión de Carrusel Deportivo gracias al fenómeno social José María García, el periodista que cambió la radio deportiva por completo, atrayendo a audiencias millonarias. Le acompañaron narradores que crearon escuela, como Gaspar Rosety, García aportó más elementos a las retransmisiones para acercarlas a lo que son en la actualidad. Entrevistas a pie de césped, exclusivas, monólogos de opinión. La narración radiofónica estaba evolucionando hasta que la televisión la frenó.

¿Qué tiene la radio que no tenga la televisión? «El poder de la voz», dice Flaquer. «Pasión, descripción, inmediatez», añade Martínez. Rubén Martín trabaja con COPE y, desde principios de 2020, para el canal DAZN haciendo fútbol internacional. Ha visto una diferencia clave: «En la radio te vie[1]nen a buscar y te conocen. En la tele tú eres un intruso que se cuela en el salón de casa. Nadie te ha invitado, tú entraste porque te coló el partido. Así que procura no molestar a gente que no te conoce». El interés por escuchar los partidos en la radio decayó porque la gente ya podía verlos en televisión, aunque aún resistan fieles que recurren a los cascos para seguir los carruseles. Algunos narradores se pasaron al mundo televisivo, como el propio Carlos Martínez, y la implantación del pay per view (partidos que había que pagar para poder ver) movilizó a la gente a los bares. Locales abarrotados, fútbol de barra y rondas de cerveza, un ambiente futbolero asegurado. Es en este contexto cuando también el fútbol cambia sus horarios, y a la radio no le queda otra que reinventarse. Antes, los partidos se jugaban en horario unificado, todo a la misma hora en las tardes de domingo. Ahora, un Getafe-Betis a las 16:00 horas, el Osasuna-Villareal a las 18:00 horas y el Ei- bar-Alavés a las 21:00 horas. ¿Cómo vender partidos que no interesan tanto a escala nacional? ¿Y cómo rellenar el vacío entre partidos? Martín encuentra res[1]puesta: «Paco González siempre dice que cuando hay fútbol, hacemos fútbol. Cuando no, hacemos radio».

Se extinguieron las narraciones íntegras, los minuto y resultado. Hoy en día es mucho más que  eso. Es un programa con secciones, información, entretenimiento, música, concursos y  sorteos, tertulia, análisis del juego, estadísticas, publicidad. Fútbol nacional y local y también internacional. Baloncesto y ciclismo y balonmano y fútbol sala y tenis. Variedad simultánea. Un programa completo, con contenidos para invitar a quedarse a los radioyentes jóvenes y no tanto, fanáticos y no tanto. Flaquer ha vivido este cambio en primera persona: «Son narraciones más corales. A veces hemos sido 20 voces en algún partido. Se elabora un pro[1]grama dentro del propio carrusel, el gran cambio es ese». «En partidos importantes», lamenta Martínez, «hay demasiados comentaristas y es complicado».

Las retransmisiones deportivas en radio se han convertido en televisivas y las de televisión en radiofónicas. Una realidad que defienden no solos los periodistas de radio entrevistados, sino también dos locutores del fútbol de antena. Miguel Ángel Román narra cada año entre 250 y 300 partidos para Movistar+. Narró el Mundial sub-20 que gana la Argentina de Messi en 2005 con Lluís Flaquer. Empezó en radio y Localia le dio la oportunidad de trasladarse al otro lado del charco. No quería ser narrador, fue casual: «La narración me eligió». Empezó colaborando con varios medios y se dedicaba a conducir una furgoneta para ganarse la vida. La oportunidad le vino y la aprovechó. En 2019, su locución del gol de Rodrigo en los cuartos de Copa del Rey entre Valencia y Getafe se hizo viral. Tanto que unos aficionados chés lucieron esa narración impresa en unas camisetas. Ha narrado un clásico desde el Bernabéu. Y la chilena antológica de Rooney en un derbi de Manchester, el gol más bonito que recuerda haber descrito. Aún así, cada nueva temporada le surgen las mismas dudas: «¿Seré capaz de no aburrirme? ¿Y de no aburrir?».

Compañero suyo en Mediapro fue Héctor Ruiz, narrador en GOL Televisión y Movistar+ Liga de Campeones. Hay semanas que hace siete u ocho partidos. Champions, Europa League, Copa de Alemania incluso, y Segunda División, la categoría que le apasiona por su factor sorpresa. Tampoco lo suyo es vocacional. «Lo que me motivaba realmente era ser futbolista». Una lesión de rodilla a los 16 años truncó sus ilusiones, aunque su momento favorito de la semana sigue siendo la pachanga con amigos que «no cambiaría por nada». Ni siquiera la tele era su objetivo: «Cuando decidí meterme en periodismo era más por radio que por tele». Tocó los micros de Radio Marca Barcelona. Con el tiempo, se ha autoconvencido de que en esta profesión «cada uno tiene que hacer su camino más por donde puede que por donde quiere».

La velocidad y el ritmo de narración típico de la radio también ha influido en televisión. No basta con nombrar al jugador que lleva la pelota y cantar el gol, con discursos más planos y lentos. Ahora, con miles de opciones para distraerse -ver un partido sin mirar Twitter es cada vez más complicado-, se pretende engatusar al televidente. Como defiende Román, «los tiempos han cambiado y el espectador necesita más llamadas de atención». La televisión tiene, eso sí, un matiz negativo. En el estadio solo se cuentan los grandes partidos.

Rutinas y claves

Se hablaba en párrafos anteriores del talento. Que sea un factor diferencial no significa que sea condición indiscutible. Como argumenta el periodista y relator José Manuel Díaz en su libro La voz del fútbol, alguien con poco talento, pero con oficio, sí puede conseguir una narración «más o menos digna». Sin embargo, el talento sin oficio sirve de poco o nada. A narrar se aprende narrando.

Son cuatro los pilares básicos: estilo, ritmo, vocabulario y, muy importante, la improvisación. «El fútbol es un arte de lo imprevisto. Dentro de la improvisación, hay una parte de preparación», explica Martínez. Eso implica estar informado, pegado a la actualidad de los equipos implicados. Saber que si marca Benzema es su gol 400 o el porqué de aquella pancarta. Tenerlo todo bajo control. «Hay que pensar mucho antes del partido para no pensar en el partido. Y a raíz de eso, dejarte llevar», apunta Román. Por supuesto, el entendimiento del juego es un añadido que aumenta la credibilidad. Sigue habiendo un Héctor Ruiz futbolista en cada retransmisión y a veces ve pases al hueco antes de tiempo. Lo dice convencido: «Ser un friki del fútbol te ayuda». Uno de los méritos de este gremio es saber interpretar, estar a la altura del partido.

Más allá de llevar el partido estudiado, cada uno busca sus propios rituales y trucos para no fallar frente a la audiencia. En sus primeras citas con el micrófono, Miguel Ángel Román apuntaba expresiones y sinónimos en una libreta que consultaba antes de cada encuentro. Rubén Martín se define como un «maniático» de la voz. Hasta el punto de pedir refrescos sin hielo para evitar problemas de garganta. Lluís Flaquer a veces se escucha a sí mismo y a otros compañeros en determinadas jugadas complicadas de describir: «Esto es un aprendizaje constante».

Como cualquier profesión, más si cabe perteneciendo al mundo periodístico, tiene su lado negativo. Es el verbo renunciar. «Esto también supone un desgaste personal», dice Martín, un periodista que pasa normalmente cuatro de los siete días fuera de casa. Héctor Ruiz reconoce que «para poder estar bien con la familia, amigos y pareja, te tienen que entender un poco». Tienen horarios no convencionales y hay días que narran más de un partido. Es un ritmo frenético al que se han acostumbrado por pasión al periodismo deportivo. «Yo puedo gustar mucho o poco», reflexiona Román, «pero mi mayor preocupación es proyectar una imagen de buen profesional».

El periodista de Movistar+ bromea con que sus orejas se han deformado de tanto llevar cascos. Atiende a la entrevista por Skype y lleva unos verdes con micro integrado, muy al estilo gamer. En el confinamiento narró un torneo de FIFA junto a Ibai Llanos -comentarista (o caster) de videojuegos que la rompe en las redes y periodistas como Manolo Lama, José Sanchís, el propio Rubén Martín y Danae Boronat, primera mujer en narrar un partido de LaLiga para la televisión. Los días próximos puede que estén dominados, si no lo están ya, por los videojuegos. Rubén Martín, en la cresta de la ola, firma el empate: «La vida me ha dado más de lo que merezco». Eso mismo piensan sus colegas de profesión: todos se sienten «afortunados» de hacer lo que hacen. Rubén se prepara, eso sí, para un posible cambio de rumbo: «El futuro es maravilloso, ¿quién nos dice que no acabaremos narrando E-Sports?». Charles Darwin no fue periodista, pero sí dio un apunte válido. Esto va de adaptarse al medio.

 

 

 

 

 

 

De izquierda a derecha: Juanma Castaño, Manolo Lama, Paco González y Pepe Domingo Castaño.
Compañeros (y amigos) de Rubén Martín. Voces líderes del deporte radiofónico en COPE. (Fotografía
de Cadena COPE)

Como cualquier profesión, más si cabe pertenecien- do al mundo periodístico, tiene su lado
negativo. Es el verbo renunciar. «Esto también supone un des- gaste personal», dice Martín, un
periodista que pasa normalmente cuatro de los siete días fuera de casa. Héctor Ruiz reconoce
que «para poder estar bien con la familia, amigos y pareja, te tienen que enten- der un
poco». Tienen horarios no convencionales y hay días que narran más de un partido. Es un ritmo
frenético al que se han acostumbrado por pasión al periodismo deportivo. «Yo puedo gustar
mucho o poco», reflexiona Román, «pero mi mayor preocu- pación es proyectar una imagen de
buen profesional».

El periodista de Movistar+ bromea con que sus orejas se han deformado de tanto llevar cascos.
Atiende a la entrevistapor Skype yllevaunos verdes conmicrointe- grado, muy al estilo gamer. En el
confinamiento narró un torneo de FIFA junto a Ibai Llanos -comentarista (o caster) de videojuegos
que la rompe en las redes- y periodistas como Manolo Lama, José Sanchís, el propio Rubén Martín y
Danae Boronat, primera mu- jer en narrar un partido de LaLiga para la televisión. Los días próximos
puede que estén dominados, si no lo están ya, por los videojuegos. Rubén Martín, en la cresta de
la ola, firma el empate: «La vida me ha dado más de lo que merezco». Eso mismo piensan sus colegas
de profesión: todos se sienten «afortunados» de hacer lo que hacen. Rubén se prepara, eso sí, para
un posible cambio de rumbo: «El futuro es maravi- lloso, ¿quién nos dice que no acabaremos
narrando E-Sports?». Charles Darwin no fue periodista, pero sí dio un apunte válido. Esto va de
adaptarse al medio.

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